Un día, caminando, sacaba el boli como John Wayne sacaba la pistola. ¿Para escribir? ¡Qué va! Para rebobinar mi cinta.

© Joselito Tagarao || #EraEnchufada | #Walkman, no pasees sólo || Cóctel Demente

© Joselito Tagarao

Será porque no llevaba más pilas que las que había en el walkman o porque había escuchado tanto esta cassette que ya no daba para más sin algo de ayuda manual…sea lo que sea, todos nos hemos puesto manos a la obra para rebobinar analógicamente nuestras cintas.

Hoy, tengo un cementerio de cintas en algún cajón de la casa de mis padres y otro en el coche de la abuela y a veces, como un libro de memorias, leo la lista que escribí a mano, una lista hecha con cautela y cariño, de una cassette concienzudamente grabada, deslizando entre las voces y los anuncios radiofónicos.

Algunos afirmarán que escuchar música se hace en casa. Pero el walkman era una revolución consciente…sí, consciente, porque nos dábamos cuenta de lo mágico que era poder escuchar música caminando, en el bus o en el coche de los padres para no tener que participar de la conversación sobre las últimas elecciones u oír su música tan rancia 😉

Otros, menos discretos, ni se molestaban con algo tan pequeño y discreto, iban con un pedazo de “Loro” doble pletina, asfixiando a los paseantes con sus músicas a toda voz…

SuperWalkman #EraEnchufada | #Walkman, no pasees sólo || Cóctel Demente

© Asim Bijarani

Echo de menos el walkman. Una nostalgia sana de antaño, la inocencia caminando con la banda sonora de mi vida, sin pagar y sin ser pirata.

No era una moda, ni un estilo, no eras hipster o moderno por tenerlo y daba igual si en tus cintas habías grabado Madonna, Michael Jackson, Nirvana o Kraftwerk. No discriminaba.

Era una herramienta del amante de la música, de todas las músicas, de todas las edades. Y me acompañaba a todas partes.

El walkman simplemente daba banda sonora a los recorridos. Y con esto, éramos felices. ¿Qué más necesitamos?