David Matuška es un poeta checo afincado en el sureste español por cosas del corazón. Un tipo raro que hace cosas raras: como cantar la poesía o hacer collage con papel y tijera. Todo muy de-mente.

No sé si le gustan los cócteles, pero lo que hace tiene mucho de mezcla, equilibrada o no tanto, según la pieza. Es sí, siempre en vaso corto y con un poco de hielo.

Matuška Project hace poesía en tiempos de prosa. Poesía hablada, acompañada de música y desconcierto. David compone, recita y toca el bajo. “El resultado es muy moderno: bases jazz y funky, y la voz grave de Matuška recitando sobre la música su poesía oscura e inquietante, seca” según afirma Pedro Telía, que sabe más de esto que la que os escribe.

En unos días publica su nuevo trabajo, “Fronteras / Hranice“, que presenta junto con un documental y, nos ha parecido la excusa perfecta para entrevistarle.

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Foto de “FronterasHranice” © Juansa Martínez Calleja

David, ¿Qué papel juega la poesía en tu vida?

La palabra poesía en griego significa “creación”. La palabra persa para la creación poética es “kalam”, que en árabe significa “hablar”. La poesía es la respiración, es el movimiento de los párpados, el ritmo de mis pasos, vaya donde vaya. Es una obligación, una oración, un pecado, sufrimientos, placeres. La vida de día a día…, pura necesidad. La poesía es la vida y la muerte, el amor y el desamor y todo lo demás.

La música ¿siempre o a ratos?, ¿qué artistas u obras han sido más influyentes en tu vida y en tu obra?

Música para desayunar, música para almorzar, música para comer, música para merendar, música para cenar y soñar con ella. No me puedo imaginar mi vida sin música. Todas las canciones, melodías o ritmos que he oído o escuchado están estrechamente relacionados con colores, olores y sabores, con mis sentimientos, experiencias y vivencias, con los momentos muy concretos en nuestras vidas porque tiene, la música, el poder de volver a evocarlos.

Nombrar las músicas y los músicos que más han influido en mi vida me resulta muy difícil, porque son muchos y de géneros muy variados, de épocas y continentes distintos… Lo que siempre he hecho es buscar la música en la segunda estantería, en el segundo escenario, en el segundo cajón. A menudo está allí porque no está hecha para el público que no se la merece. He escuchado y escucho casi todos los géneros de música. Desde el jazz, pasando por la música jamaicana, por lo que se suele llamar world music, también me interesa la música alternativa y experimental, incluso música muy, pero que muy dura.

A veces uno está tan saturado que no le agrada ningún tipo de música en un momento dado y prefiere no escuchar nada …, aunque siempre habrá algún sonido que interrumpa el silencio. Debemos tener en cuenta que el silencio es una parte muy importante de la música. El silencio más profundo en mi vida lo he podido escuchar en un lugar apartado, a ochocientos metros bajo tierra, en la mina, en mi Silesia natal.

Todos los sonidos y silencios que jamás he oído, de alguna manera, han dejado una cicatriz musical en mis composiciones. Aunque los grupos y los músicos no se notan directamente en mi creación, algún mensaje ha pasado, alguna chispita ha saltado, alguna molécula se ha contagiado. La verdad es que de todas las comparaciones que se han hecho hablando sobre Matuška Project y mis influencias musicales, no hay ni tan sólo una que haya acertado.

Yo toco el bajo, que es el instrumento que de alguna manera une la parte rítmica con la melódica. Podemos decir que se trata de la espina dorsal de cada banda. Encima compongo los temas basándome en mi voz y con la línea de bajo, que me ayuda mucho. Si tuviera que nombrar algunos de los bajistas y contrabajistas que admiro, entre muchos y muy buenos para mí, personalmente, destacarían: Avishai Cohen, Stanley Clarke, Charlie Haden, Richard Bona, Marcus Miller, Victor Wooten y Jaco Pastorius. Opino que la música está presente en nuestras vidas antes de nacer. Lo que marca el ritmo son los latidos del corazón, tanto del nuestro como el de un bebé no nacido. Por eso, los bajos son la base más importante de innumerables estilos de música.

Lo esencial es lo que dijo, creo que fue, Duke Ellington: “Hay sólo dos tipos de música, la buena y la mala”. Al infierno con las cadenas como MTV o su ahijado español “Cuarenta Primordiales”.

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Háblanos de las tres obras literarias  que han marcado tu trayectoria ¿alguna marcó un punto de inflexión en tu vida?

Es simplemente imposible ceñirme a sólo tres libros. Tendría que mencionar muchos autores que escriben en mi idioma materno, cómo tantos otros que escriben en otros idiomas que aprendí a lo largo del camino.

El libro que más me ha influido siendo niño fue Dos Pequeños Salvajes de E.T. Seton. Lo he vuelto a leer al menos diez veces. Detrás de mi casa empezaba un bosque profundo que llegaba hasta el país vecino, Polonia. Ahí, con mis amigos, nos convertíamos en los Salvajes de Seton.

Los primeros libros de poesía que leí fueron tan impactantes que sentí la necesidad de compartir el placer casi físico que me causaron, de tal manera que tuve que llevarlos a los escenarios como intérprete. El primer poeta cuya obra pude presentar al público fue el austríaco Ernst Jandl (traducido al checo por Hiršal y Grögerová – me quito el sombrero). Podríamos decir que él es uno de los primeros responsables de mi ingenua decisión de escribir poemas.

Siguieron muchísimos poetas de distintos rincones del mundo. Hay que leer también a los poetas malos, para aprender de ellos como no escribir. Y cuando ya has decidido dejarlo para siempre, como ya habías hecho tantas veces, viene alguien y te anima. En mi última crisis creativa o más bien existencial, fue Ivan Wernisch, mi poeta checo preferido, al que tuve el honor de traducir al castellano, el que comentó mis últimos poemas de tal manera que decidí seguir escribiendo hasta que tenga algo sobre lo que escribir.

¿Se puede vivir sin poesía? ¿dónde la encuentras?

La poesía está omnipresente, veámosla o no. ¿Es música?, ¿es imagen?, ¿es acción?, ¿es sonido?, ¿es palabra?, ¿es ritmo?, ¿es objeto?, ¿es todo?, ¿es nada?, ¿un grito, la noche, el día, el vértigo, un pétalo, una lágrima, la sonrisa de un amigo, un susurro, la mirada de una mujer?

Podemos encontrar la poesía tanto en los labios o en los ojos de una persona como en el suelo sucio, en el aseo de un bar sucio, dentro y fuera de ti. Hay que ser un loco para dedicarse a este maldito género literario. La recompensa espiritual y la satisfacción, si es que llega, es efímera y a menudo ni siquiera nos damos cuenta de su presencia. Incluso puede que en un instante desaparezca para no volver jamás.

Seguramente podría hacer cosas más útiles, como reciclar la basura, asistir a los mítines políticos, las reuniones de vecinos, ganar dinero y gastarlo. El proceso de creación es un placer solitario. En esos momentos, el ser humano no se da cuenta de que se trata de una maldición y que del carro tendrá que tirar él sólito, pese lo que pese la carga de las letras.

Aunque resulten inquietantes, fríos y estén habitados por sombras, los poemas de David producen adicción. No te negaré que el primer sorbo puede resultar amargo; después, el suave ritmo y la cadencia de su voz mientras ásperamente cada verso, suaviza la carga emocional de esta poesía doliente con un resultado hipnótico.

Matuška Project, BOHUŽEL

 

Matuška Project, Jednou / Una vez

¡Gracias por la entrevista, David!
Más sobre David Matuška en su blog.