Júpiter es enorme. Es tan grande que él solo tiene una masa casi dos veces y media la de todos los demás planetas del sistema solar juntos, es el mayor de todos de largo. Para hacernos una idea gráfica de lo enorme que es supongamos por un momento que la Tierra tiene el tamaño de Júpiter; pues bien, la superficie de nuestro planeta (el real, no el aumentado) tendría el tamaño de la India. Es decir: la Tierra es a Júpiter lo que la India es a la Tierra. En el volumen de Júpiter cabrían más de 1300 tierras.

Como decía, Júpiter es enorme. Y en consecuencia su atmósfera también. Está compuesta en su mayor parte de hidrógeno y helio (un 71% y un 27% respectivamente), también hay otro tipo de sustancias químicas como metano, amoniaco, ácido sulfhídrico, gases nobles o vapor de agua en mucha menor proporción. El área de su superficie es una cifra mareante y que escapa un poco a la mesura humana: nada menos que más de 64.000 millones de km² y se extiende hasta una profundidad de unos 10.000 km en donde la enorme presión y temperatura la convierte en un líquido de carácter metálico. Se puede escribir mucho de sus diferentes capas con sus correspondientes velocidades de rotación, hablo de la atmósfera, de sus temperaturas, presiones y composición pero no estamos aquí por eso.

Entonces, ¿por qué estamos hablando aquí de astronomía y astrofísica en un blog que se dedica normalmente al arte en sus más diversas expresiones? Pues, dejadme que responda yo mismo a la pregunta y que ya se ha contestado en parte en el título del post: por su atmósfera superior. Y he aquí dos ejemplos.

© Nasa | Cóctel Demente | #Fotografía

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La atmósfera superior del gigante gaseoso es, en mi opinión, y por sí misma una obra de arte, como lo puede ser una puesta de sol o un paisaje montañoso. No por estar a ~650 millones de km merece menos atención y disfrute. Para poder explicar someramente a qué se debe esta belleza cósmica habrá que entrar otra vez en los procelosos mares de la astronomía y astrofísica.

La atmósfera superior está formada por nubes de amoniaco helado con la adición de complejos compuestos de azufre, fósforo y carbono. Está dividida en unas ocho bandas paralelas al ecuador joviano, de distinto grosor, color, composición, temperatura y velocidad de rotación con respecto a las otras. Es decir, un escenario perfecto para que haya un montón de turbulencias, ciclones, tormentas, vientos huracanados (en el ecuador de unos 500 km/h)  y en general una actividad atmosférica frenética y muy activa. Si a todo eso le sumamos la prodigiosa variabilidad en su color de la cual, por cierto, se desconoce su naturaleza el resultado es el que vemos: una atmósfera espectacular, llena de nubes, ciclones y anticiclones de un pálido color que resaltan con un fondo de otro color completamente diferente, degradados que parecen hechos a propósito y centenares de detalles más.

Jupiter © Nasa | Cóctel Demente | #Fotografía

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Parece una extraña mezcla entre un precipitado químico o de algún tinte y un cuadro expresionista abstracto y a la vez, y aquí reside su gancho, completamente hiperrealista y detallado. Hay combinaciones de colores notables como en el polo sur en donde el color azul es el dominante con enormes turbulencias blanquecinas o una increíble variedad de ocres y marrones en ocasiones con tonos verdosos. Es la dinámica de fluidos hecha con los elementos justos y necesarios para que se convierta en arte. Un arte enorme; hay que tener en cuenta que cualquiera de esos núcleos tormentosos que vemos es del tamaño de la Tierra y algo más que no se aprecia en las imágenes: la profundidad de todo ello. Si las imágenes estuvieran tomadas más cerca del planeta veríamos que todos estos fenómenos meteorológicos tienen un volumen, que sobresalen unos encima de otros lo que añadiría un plus de dramatismo y espectacularidad que lamentablemente no vemos pero que se intuyen en algunas de las imágenes de más abajo.

Para los interesados en el tema recomiendo este enlace a la Wikipedia sobre la activa atmósfera de Júpiter.

Jupiter © Nasa | Cóctel Demente | #Fotografía

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No quiero acabar este post sin hacer mención del aparato que nos ha regalado estas magnificas imágenes. Se trata de la sonda Juno, lanzada en 2011 y que después de cinco años de viaje llegó al gigante gaseoso en junio de 2016, el tiempo estimado total de su misión es de seis años. Su misión no es, desde luego, fotografiar el planeta si no estudiar su atmósfera, hacer mapas de gravedad de sus (enormes) campos magnéticos, sus auroras y su magnetosfera. Que haya estas imágenes es gracias al departamento de relaciones públicas de la NASA que incluyeron una cámara de no muy alta prestación llamada JunoCam, una cámara que solo puede enviar 40MB por órbita y que tiene una resolución de solo 1600 x 1200 pixeles. Si hubiesen incluido una cámara con una resolución más alta tendríamos unas imágenes que literalmente asombrarían al mundo.

También incluyo esta espectacular imagen tomada por la sonda Voyager 1 en 1979 y reprocesada por Bjorn Jonsson. Se trata de la Gran Mancha Roja la cual, por cierto, esta menguando desde hace unos años. En el interior de esta masiva tormenta cabrían dos tierras.

Jupiter © Nasa | Cóctel Demente | #Fotografía

Podéis ver más imágenes de Júpiter en el álbum de Flickr de Seán Doran y en la página oficial de la sonda Juno.

Todas las imágenes están acreditadas como NASA/SwRI/MSSS/Gerald Eichstädt/Seán Doran. La de la Gran Mancha roja el crédito es de NASA/JPL/Björn Jónsson/IAAA.