¿Imaginas la cara que pondría tu madre si le regalas una de estas delicadas figuras de porcelana? ¿Qué tal habrían encajado sobre aquellas abarrotadas televisiones de tu niñez?

Maria Rubinke (Dinamarca, 1985) mezcla la suavidad de la más exquisita porcelana con escenas macabras en las que angelicales muñequitas aparecen cubiertas de sangre, con hachazos en la cabeza o piernas cortadas en rodajas listas para consumir.

Escenas más propias del gore, aún cuando la visceralidad propia de aquel o su violencia extrema en la obra de la escultora queda desfigurada por la belleza y el refinamiento de sus querubines; y aún así su trabajo nos asalta con visiones de pesadilla, la peor de todas, cuando la inocencia y la ternura se convierten en crueldad, no tengo ninguna duda de que en el imaginario colectivo pocas evidencias son más detestables que comprobar cómo la inocencia se transforma en maldad.

Puede que la autora únicamente pretenda recrear el contraste entre lo candoroso y lo siniestro, o expresar lo que todos llevamos ancestralmente dentro desde niños nos guste o no, la violencia innata del ser humano; o puede que vaya más allá y su deseo pase por dejar en evidencia la dura realidad de una infancia devorada por la guerra y la violencia.

© Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente © Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente © Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente © Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente © Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente © Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente © Maria Rubinke | escultura | jalouin | Cóctel Demente