Cosas que hacen Bum” (Anagrama, 2007) es ese libro definitorio del bueno de Kiko Amat que muchos niños de barrio tenemos como Biblia en la mesita de noche. En el altar de la estantería, sellado entre los codos y cicatrices, dio en su día el paso clave para que Miqui Puig se levantara de las mangas de su parka Mod “Ben Sherman”, un proyecto con gotas de jazz y contundente pop, apodado “Canciones que hacen Bum, (y otras memorias pop)“. Un proyecto pasado con más pena que gloria donde se podía ver, (si se quería) una parte muy clara de qué y cómo es Miqui Puig.

El jazz del capataz | Miqui Puig | Música | Jazz | Pop | Cóctel Demente

Una vuelta de tuerca con la puesta en escena de la Original Jazz Orquestra (OJO), una big band surgida del Taller de músics, que es un laboratorio-escuela-vademecum de la música hecha en este país y que con la dirección del trompetista valenciano David Pastor se fraguó una propuesta musical que más lejos de ser una Big Band con un cantante pop, representó y representa un almanaque útil y poético sobre cómo la música forma parte de nuestra bendita o maldita historia.

El hecho de formar parte personalmente como colaborador del proyecto radiofónico de Miqui Puig, en esa bodega imaginaria llamada “Can Tuyus” y después de releer las diferentes entrevistas que le han realizado a Miqui desde la salida de su último LP “Escuela de capataces” y verificar como él certifica, que las letras que conforman este último trabajo han sido gestadas en gran parte en ese programa radiofónico, me deja, en medida, un poco herido de alma para no poder ser objetivo opinando de este último proyecto suyo.

Vivimos en mundo de etiquetas, etiquetas de esas categóricas, un hashtag constante que te sigue, persigue y corona, quieras o no. No quiero ser yo quién haga un etiquetado de Miqui Puig y menos de un amigo. Los The Modern Jazz Quartet (MJQ) representantes del cool y grupo de la órbita jazz venerado por Miqui Puig realizaban sus conciertos de etiqueta, de traje y sastre como El Sastre de Genestacio. De punto y costura como los pedía el bueno de Miles Davis a Seersucker.

Los (MJQ) estaban formados por Milt Jackson, John Lewis, Connie Kay y Percy Heath, este ultimo hermano del saxofonista tenor Jimmy Heath y del baterista Albert “Tootie” Heath. Estos tres hermanos fundaron a su vez la banda Heath Brothers en 1975. Digo esto porque un servidor de ustedes realizó su primera crítica musical sobre jazz a este impresionante trío, como no, en una edición del Festival de jazz de Terrassa cuyo año no quiero acordarme.

Los (MJQ), Mose Allison, Art Blakey, Ray Brown son algunos de los jazzmen que los domingos al sol o incluso los días semanales en la cocina de los Puig entre medio de una ensalada aliñada con Los Módena resuenan como himnos y quehaceres como doctrinas purificadoras y refugio del cantautor más personal.

Miqui Puig es una enciclopedia, una rata de la bitácora musical, de los nombres, lugares, estilos, movidas y militancias que existen y se crean. Algo así como un “Nuevo Rock Americano”, un trampolín de piscina, de rodillas partidas, una apuesta personal, diferente, auténtica…guste o no.

Quizás sea ego, ni idea, pero en muchas de esas letras que retruenan en este nuevo proyecto de Miqui Puig, Escuela de Capataces uno se las siente muy suyas, quizás sea el efecto “Tuyazo” que ideó el bueno de Oscar Villalibre, pero en momentos, en años, a semanas, días… esa bodega nos transformó en gran parte en “El chico que gritaba Acid” con grupo de WhatsApp incluido.

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Tengo que reconocer que en momentos puntuales he intentado y sigo intentando que Miqui Puig pueda caer en las garras del jazz multidisciplinar, free, loco, contundente. Brindis que le realizo con toda clase de enlaces y comentarios sobre músicos que tengo de cabecera, pero sigue siendo un pro de su dios Marvin Gaye, con bases de esos “polvos de talco”, llevado a la perfección ahora con esos riff guitarreros y de cuerda, con ataques disco que sustentan a “Sofia Schmidt-Perez del Oso”.

Miqui Puig no es un hombre de jazz, pero se ha rodeado de músicos de jazz para muchos de sus proyectos musicales, a banda de tener en su haber una muy buena colección de vinilos del género y el suficiente olfato para detectar lo bonito.

En el mundo musical ciertos movimientos y músicos mutan a referentes y más si son capaces de activar himnos como La hora del Brindis y Vos trobava a faltar”, guste o no, para “El capataz de LAV” sigue existiendo una forma bonita de hacer poesía obrera y diaria, hacer canciones.

Desglosar que y quién es el personaje, amigo, vecino, cantante, no me toca ni me apetece, cada cual que piense lo que pueda o como quiera, para eso ya tienen “La teoría del hombre invisible”.

Y si…sigo comiendo de pie en la cocina…mientras de fondo suenan las notas de ese “Club Decadencia”.

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