Grabados, dibujos, video animación, instalación o pintura son algunas de las disciplinas en las que se desarrolla David O’Kane (Irlanda, 1985) aunque  he preferido, al menos por ahora, acercarme a su faceta de pintor.

Percibir e interpretar es solo uno de los juegos que nos trasmite la obra de O’kane, si el proceso de pensamiento es el que el autor ha querido trasladarnos o no es lo de menos, lo de más es la capacidad que adquirimos a través de su trabajo para confiarnos en la inmersión que nos propone, seguros de que las sensaciones merecerán la pena.

Narrativas que nos empujan a investigar, a cuestionarlo todo, lo que vemos, lo que imaginamos, y aún aquello que presentimos;  colores intimistas que nos seducen, abarcan nuestros sentidos y funcionan como nexo de unión indeleble; personajes que fluctúan por el tiempo como péndulos de reloj, con independencia del propio autor, cobran vida, nos hablan, nos implican.

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