La vida está llena de días, pasan uno tras otro, ninguno es igual y sin embargo transcurren rutinariamente hasta que ocurre algo inesperado, miras el reloj y han pasado 5 años.

¿Cuánto hace que no pisaba estas calles?

Ambrosio advertía desde las afueras nuevamente ese olor que pasa desapercibido cuando permaneces demasiado tiempo encerrado en el mismo sitio, el olor a pescado, enjambres de gaviotas cerca del muelle donde los barcos de pesca descargan y no lejos de allí una casa, algunas casas con los tejados hundidos.

Y es que hace cinco años antes Ambrosio desaprovechó la oportunidad de abandonar aquel pueblo costero sin saber que aquella invitación era algo más que un sueño romántico.

Un par de días después del encuentro casual con aquella misteriosa mujer fue arrestado mientras se tambaleaba de camino a casa, al principio no se preocupó, serían tan solo represalias de algún vecino malhumorado o los coletazos de la represión;  serían unos golpes y un par de noches en el calabozo.

— Me desperté de la borrachera en un vagón oscuro con más gente, me senté apoyando la espalda en la chapa, apenas entraba luz por unos agujeros de bala en el techo. Al trasluz se veía cómo flotaban partículas de polvo enmarañado, todos estaban callados y yo era uno más, empezaba a ser consciente de cómo me dolían las costillas y la cara.

El tren se detuvo poco después de mi despertar y sentí por mi cuerpo un escalofrío, aunque me puse en pie lentamente. Fuera se escuchaban voces y botas militares, ya sabía qué era aquello. Los tiempos cambian pero siempre hay quienes se resisten y pretenden dejar su huella en la historia con sangre…

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Die Binnenalster mit Blick Richtung Rathaus, 1954 | Foto: Günther Krüger (© Alexander Kirchheim)

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