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Esta semana por fin se alcanza un acuerdo sobre mi nombre, ¿quien soy?, me habéis estado viendo como una de las partes más representativas de este co-laboratorio de-mentes desde los inicios, ¡soy yo!, Ambrosio De Mente y he decidido en esta nueva etapa ser el alma de este Cáliz, y mis razones tengo.

Para empezar, en este colectivo encuentro personalidades múltiples y dispares lo cual va con mi anterior vida de principios del siglo XX, soy bañado con bebidas espirituosas y besado por labios color carmín, agradezco por igual los besos masculinos, pues en esta etérea vida, el género, raza o credo no importa. El calor de la sangre que riega vuestros cuerpos es aliento y resurrección.

Pude haber nacido en cualquier parte del mundo,a finales del primer cuarto del siglo XX, vi al mundo envuelto en caos y resurgir con el esfuerzo de personas anónimas y otras más celebres recordadas por sus decisiones políticas. Paises divididos, nuevas fronteras, hermanos enfrentados que no supieron perdonarse y personas que salvaron la vida de otras poniendo en riesgo su posición y comodidades.

Fui señalado por la moralidad de la época, aunque algunas de esas personas que por el día criticaban mi forma de vida, por la noche aparecían a disfrutar de los placeres de Baco en aquel local clandestino donde trabajaba de camarero. Fue entonces cuando aprendí de la vida, yo no era muy hablador, me gustaba observar cómo se comportaban hombres y mujeres, cuando desinhibidos se transformaban, la esencia de la persona se desbordaba y se convetían en algo primitivo, salvaje, frágil y capaz de matar por cualquier interrupción en su quehacer inmediato.

Compensaré vuestra curiosidad con anécdotas propias y ajenas a mi. Como la noche en que aquella mujer algo libertina de anchas caderas, tez tostada y cabello negro, dejó la compañía de sus cuatro acompañantes habituales para acercarse ella misma a la barra, algo completamente extraño y me lanzó una pregunta que nunca antes me había cuestionado.

¿Es esto lo que quieres hacer el resto de tu vida?

Y se marchó saliendo por la puerta que daba al callejón. Los nuevos aires de libertad a mediados de siglo significaron el ultimo aliento del “Clandestino”. De pronto estaba en la calle y recordé aquella pregunta, realmente los años en el “Clandestino” fueron buenos, ganaba dinero para emborracharme desde la madrugada al mediodía, algunas mujeres se sentían seducidas por mis silencios y enigmas, nunca puse una mano encima a ninguna de ellas y si a alguno que las insultó en mi presencia, y sólo una vez amé, como aprecio ahora el calor de la vida. Aquella mujer misteriosa, marcó mi existencia y mi destino.

Pero eso os lo contaré en otro momento…

Feliz #Jalouín, alzad la copa y brindad los presentes por el recuerdo de los ausentes.

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