Cafe Lehmitz - Anders Petersen | Cóctel Demente

Imagen © Anders Petersen | Cafe Lehmitz

 

Increible, hemos llegado a la final de los XI Premios Bitácoras, nos sentimos muy orgullosos de este logro y la emoción inunda los corazones del equipo. Sobre todo agradecer el apoyo enorme que hemos recibido por vuestra parte a través de las redes; y es que más allá de ganar el premio, valoramos cada uno de esos votos desinteresados que nos han llevado hasta aquí.

La Gala de los premios estuvo llena de sorpresas, incluso me llevaron a mi, “no estaba muerto, que estaba de parranda”. Jaja, incluso en mi reencarnación voy a vivir grandes fiestas como la del día en que se cerró el “Clandestino”

… Era invierno, el año concluía, la gente, algunos con ilusión y otros con temores esperaban la llegada del nuevo año. Nos habíamos reunido en el local los más asiduos, de aquella ultima noche de fiesta fuimos informados por medio de notas manuscritas. Salvo por la libertad que se me dio para salir de la barra y dejar que todos se sirvieran bebidas a placer parecía una noche como otra cualquiera. Entré de los primeros y me coloqué al fondo de la barra cogiendo por el camino una botella de absenta, me serví un chupito mientras se iba llenando el local de los mas pintorescos clientes que habíamos tenido. Desde Henri, un escritor polémico y muy bebedor al que hacía años no veía y me imaginaba muerto en las calles o en prisión, a Edward un actor que interpretaba papeles de varonil y seductor detective al que nunca dentro de aquel local vi besar a una mujer como lo hacia con los hombres.

El fin de año se acercaba y yo seguía en aquel rincón tomando chupitos, la cabeza llena de pensamientos recurrentes, divagando internamente en aquella mujer morena de anchas caderas a la que esperaba encontrar esa noche y zarandearla hasta explicarme el por qué me había lanzado aquella pregunta. A mi alrededor, parecía celebrarse el fin del mundo, hombres y mujeres por el suelo semidesnudos, el aire viciado por el humo del opio, súbitamente mientras alguien me hablaba noté escalofríos, me faltaba aire y dudaba si soñaba o aquella orgía era real. Salí atropelladamente y en la calle el olor a sal del mar me hizo recuperar el aliento, me cruce de brazos cerrando mi gabardina desgastada y caminé sin rumbo.

Al muelle llegaban lejanas algunas voces celebrando el año nuevo, los cambios y la esperanza de tiempos mejores, contemplando las barcas amarradas al puerto tenía la mente en calma hasta que una sombra caminando entre la niebla despertó mi curiosidad y fui tras ella. Se dirigía de nuevo a las calles dejando atrás el puerto y haciendo más difícil la persecución pero embriagado y confuso caminaba cada vez más rápido para alcanzar esa sombra. Iba a doblar la esquina cuando de pronto se abrió una puerta y una mano agarrándome del pelo me metió dentro de la casa, caí de espaldas y desde el suelo, iluminada por las brasas y las llamas de la chimenea se iluminaba encima mía aquel rostro. ¡ Tú ! – exclamé, mirandola a los ojos, y antes de poder decir nada más, se colocó a horcajadas sobre mi cintura robandome el aliento con sus besos y movimientos espasmódicos.

Amaneció y estaba tendido en el suelo, desnudo y con una manta cubriendo mi cuerpo. De ella no quedaba más que la ligera brisa de su perfume en aquel salón vacío, dudaba si la absenta me hizo soñar todo aquello; mientras me vestía faltaba mi vieja gabardina. Al coger el pantalón parecía pesado, en el bolsillo delantero derecho había un fajo de billetes y una nota.

Allá donde nadie te busque te encontraré/ viaja donde no necesites una gabardina/ Volveremos a vernos.

P.D. Gracias a todos por apoyarnos y hacernos grandes

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