Collage © Óscar Varona | Waiting for the sun

Un hombre de mediana edad permanece sentado en el borde de la cama. Fuma un cigarrillo sin apenas prestarle atención. La cama está deshecha. El hombre sólo lleva puesto unos calzoncillos largos blancos. Se pasa una mano por el pelo sin dejar de mirar a ningún punto en concreto de la habitación. Se le ve nervioso, preocupado. Piensa en cosas de las que es mejor no hablar. Si lo hiciese, quizá se convertirían en realidad. El mutismo es, por ahora, la mejor de las opciones; el silencio y la inmovilidad prácticamente absoluta. Una mujer entra en la habitación con un vestido colgando de su brazo. Abre el armario y se detiene a observar su interior oscuro. Lleva puestas unas bragas blancas de algodón. Deja el vestido sobre una silla. Se agacha, abre un cajón y saca un sujetador también blanco. Se lo pone con la pericia de quien lleva haciendo lo mismo durante décadas.

“¿No te vas a vestir?”, pregunta la mujer sin darse la vuelta. Su pelo rubio cae con delicadeza sobre sus hombros desnudos. El hombre no dice nada. Apaga el cigarrillo en un  cenicero repleto de colillas que descansa a su lado, encima de la cama. Suspira, pero apenas es perceptible. La mujer se da la vuelta. “He dicho que si no te vas a vestir”.

El hombre ni siquiera levanta la mirada.

“Están a punto de llegar y todavía sigues así”, dice la mujer

El silencio continúa siendo la única respuesta. La mujer vuelve a darse la vuelta y saca un par de medias de otro cajón.

“¿Te ocurre algo?”, pregunta la mujer. “¿Estás bien?”

“Sí… Bien”, contesta el hombre.

“Entonces vístete”, dice la mujer sentándose a su lado para ponerse las medias.

“Bien… Estoy bien…”, dice el hombre.

La mujer le mira.

“No, no estás bien. ¿Qué te pasa?”

“No… No lo estoy. No estoy bien”.

“¿Qué ocurre?”

“Algo malo va a pasar”.

“¿Algo malo? ¿Qué va a pasar?”

“Algo malo. Lo sé”.

“¿Qué es lo que va a pasar? No comprendo”.

“Algo malo, algo horrible”

“¿Cuándo? ¿Por qué?”

“En cuanto vengan, en el mismo instante en el que les dejes entrar a nuestra casa”.

“No digas tonterías. Nada malo va a pasar”.

“Algo malo va a ocurrir, y no lo puedo evitar”.

“Tú quisiste que vinieran. Fuiste tú el que les avisó”.

“Lo sé”.

“Nada malo va a ocurrir. Deja de preocuparte. Vístete, por favor”, dice la mujer levantándose y ajustándose las medias.

El cenicero que estaba encima de la cama cae al suelo, esparciendo colillas y ceniza. Los dos se quedan mirándolo durante unos segundos en completo silencio. Ninguno hace el menor gesto por recogerlo.

“Algo horrible sucederá, y no habrá marcha atrás. Nada volverá a ser igual, porque algo malo va a ocurrir”, dice el hombre levantando la vista y clavándola en la de la mujer.

Ella permanece callada mientras aguanta la mirada. Cuando no puede más, la desvía y se dirige hasta la silla donde descansa el vestido.

“¿Quién dice que algo malo va a pasar?”, pregunta finalmente.

“Yo”.

“No comprendo por qué dices esas cosas. No va a pasar nada. Todo va a salir bien. Ya lo verás”.

“Nada va a salir bien”.

“Pero, ¿por qué? ¿Quién va a hacer que algo malo pase? ¿Tú? ¿Yo? ¿Ellos?”

“Cualquiera. En algún momento, uno de nosotros hará algo imperdonable, algo de lo que todos nos tendremos que arrepentir, algo que hará que todo cambie y nada vuelva a ser igual. Hoy es el día. Hoy es la fecha marcada. Algo malo e irreversible sucederá”.

“No sé de qué estás hablando, pero estás consiguiendo asustarme”, dice la mujer poniéndose el vestido. “Anda, vístete e intenta calmarte”.

“No quiero que entren. No quiero que vengan. Algo malo va a ocurrir”, susurra el hombre completamente ausente.

“¡Deja de decir eso! ¡Me vas a volver loca!”, grita la mujer.

En ese momento suena el timbre de la puerta.

“Ya están aquí. Vístete, por favor”, comenta la mujer intentando mantener la calma. Se dirige a la puerta de la habitación.

“¿Dónde vas?”, pregunta el hombre.

“A abrir. Están llamando, ¿no lo has oído?”

“No vayas. No abras. Si lo haces, ninguno de los dos volveremos a ser los mismos”, dice el hombre con mirada suplicante.

“Estás empezando a cansarme con esta tontería tuya. ¿Qué cojones va a pasar?”

“Nada volverá ser igual”.

“¿De qué tienes miedo?”, pregunta la mujer alzando levemente la voz.

“De todo. De nada. No lo sé. No sé de qué tengo miedo, pero lo tengo. Y sé que si abres esa puerta, algo malo va a pasar”.

Vuelve a sonar el timbre de la puerta. El hombre da un ligero respingo.

“Hazme caso, nada malo va a pasar. No hay razón para ello”, dice ella en tono conciliador. “Son ellos, nadie más. ¿Qué mal nos pueden hacer?”

“¿Y si no son ellos?”, pregunta el hombre.

“Lo son”, dice la mujer intentando sonreir.

“Pero, ¿y si son ellos pero en realidad no lo son?”

“Son ellos, hazme caso”.

“Eso es lo que me da miedo, que sean ellos”, dice el hombre agachando la cabeza.

“No tienes nada de lo que temer”, dice la mujer extendiendo su brazo hacia el hombre.

“Si abres esa puerta, pasará. Bien lo sabes tú. Y no habrá marcha atrás. Ninguno volveremos a ser los mismos”.

Vuelve a sonar el timbre, esta vez de forma insistente. La mujer se queda mirando al hombre con gesto preocupado.

“Créeme. Pasará”.

La  mujer mira hacia la puerta, pero ninguno de los dos hace ademán de ir a abrir.

Relato y Collage “waiting for the sun” © Óscar Varona